Reflexiones de la Vida Moderna



Como ya sabéis la inmensa mayoría de vosotros, además de bloggera, cocinilla, joven emancipada y trabajadora por cuenta ajena, adoro escribir.

Hace un tiempo, compartí con vosotros un relato inédito, por la sencilla razón de que sois lo más y os lo merecéis todo.

Hoy quiero compartir con vosotros uno de los trabajos que recientemente he presentado a un certamen de relato corto, espero que lo disfrutéis.

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· Reflexiones de la vida moderna ·


Una voz anuncia la que será mi vía de escape de este mundo desteñido.
Un libro y una maleta llena de expectativas son mis compañeros de viaje.

Al otro lado “El” y un nosotros bajo el brazo, un mañana que se antoja esperanzador, la puerta para dejar atrás esta selva oscura, donde sobrevivir está por encima de cualquier otra necesidad.

Todo empezó hace un tiempo, quizá antes de que nos diésemos cuenta. Un día despiertas y la cabeza te da vueltas, y esa maldita sensación te acompaña cada día, cada hora, cada tictac.

Casi sin ser conscientes  pasamos de ser vidas individuales a formar parte de un todo.

Él, el chico de los ojos brillantes, de la sonrisa inocente, de las palabras de aliento, el niño encerrado en un cuerpo de joven, las ganas de vivir hechas persona.

Yo, la chica de las gafas de pasta, de los eternos labios rojos, de las pecas ocultas, la niña de largas pestañas, de sueños infinitos, la escritora de cuentos sin final.

Vidas separadas por unos miles de kilómetros, distancia franqueable que completará el puzzle de aquellas vidas.

Sentada en aquella sala de espera repaso mentalmente los últimos acontecimientos, no es sencillo romper con un pasado que te lleva haciendo compañía toda la vida, nadie dijo que fuese fácil de hecho.

Una mirada entrañable y evocadora me atraviesa, levanto la vista y allí está, un alguien enteramente desconocido para mi pero que sin embargo me traslada a mi infancia. Respiro hondo, cierro los ojos y allí estoy… tardes en la casa de la abuela, olor a polos de naranja, risas amortiguadas por el chapoteo en el agua de aquellos niños que hace un tiempo atrás vivían ajenos a todo esto.

Distancias que se acortan.

Una llamada de última hora consigue sacarme de mi flotar constante. Escucharlas una vez más, reír hasta llorar, recordar una y otra vez historias que nos hicieron ser quien somos. Ellas, amigas que te acompañarían al fin del mundo, vidas dispares entre si pero a la vez tan iguales. Decisiones aprobadas sin juicios envidiosos ni explicaciones vacías. Positividad enlatada que viaja conmigo gracias a ellas.

Odio las esperas, siempre lo hice. Consiguen sacar lo peor de mi. 
Ciertamente, las esperas hacen que nos replanteemos aspectos de nuestras vidas que en cualquier otra situación no valoraríamos. El aburrimiento y las ganas de mejorar nos llevan a trazar promesas que nunca serán cumplidas y que no harán otra cosa que alimentar la frustración.

Los aeropuertos esconden historias dignas de novelas dramáticas, de comedias desternillantes, historias de amor de esas que hacen que tu aliento te abandone.

Todos tenemos una historia, un papel protagonista.

Avanzar por la pasarela, el camino de baldosas amarillas, el sendero hacía mi nueva vida, y sin más, esa sensación de desconfianza me invade. Preguntas que acechan mi mente, que enturbian ese cuento de princesas del que soy protagonista.

Trasladarme a aquella tarde de invierno en la que miles de luces bañaban mi primera cita. Un tímido beso en la mejilla, un puñado de palabras inconexas, altas dosis de dulzura y al otro lado, aquella personita que me hizo construir mi primer castillo en el aire. El mágico mundo de las primeras citas, de los príncipes azules, de los paseos en ponis de suaves crines.

Y entonces, sacudes la cabeza, recompones tu pelirrojo flequillo, levantas la mirada y avanzas, sin más.

Volar. Separarte de la realidad y vivir en aquellos castillos que algún día construiste. Hay quien le tiene miedo a volar, otros viven con miedo a la muerte, a la oscuridad… pero, que es el miedo si no una limitación impuesta por nosotros mismos?

Cuando era una niña, mi madre me repetía constantemente que los miedos solo son excusas, con frases así te haces fuerte, creces, vives, sueñas.

Ellos forman parte de esa parte de mi que se queda en Madrid, ellos han conseguido que sea quien soy, ellos son mi confianza, mis ganas de vivir, la fuerza interior que me hace caminar por el sendero que poco a poco voy forjando. Me llevo una cajita llena de superación, de mimos, de nubes rosas para los días grises.

Perderse a través de las nubes, comenzar a ser consciente de que los cambios, por lejanos que parezcan, llegan.

Seguir avanzando sin mirar atrás.

Nuestra banda sonora suena en bucle, sin descanso. Los momentos se suceden, recuerdos encontrados, carretes que revelan comienzos prometedores. “Let There Be Love” de Oasis bañaba la noche, y allí, bajo la neblina de St. James Park tu vida se cruzó perpendicularmente a la mía, el mundo se redujo a nosotros, descolocaste mi amueblada cabeza y nunca, jamás, he podido recomponerla.

Nunca me canso de repetir, que quien se cansa de Londres, se cansa de la vida. Yo vivo enamorada de esa ciudad, de sus calles, de sus lluviosos días, de sus cielos color violeta. Nunca me cansaré de saltar en sus charcos, de redescubrirla mil y una veces, de empaparme de su olor, nunca me cansaré de enamorarme de ti en cada una de mis vidas.

Ahora las gotas trazan dibujos en mi cristal, y tras el, una nueva historia que comenzará antes de que podamos ponerle remedio, quizá porque ya lo ha hecho.

Salir. Sentir como el gélido aire golpea tus mejillas, como tus pulmones se llenan de una paz inesperada, como tus rodillas tiemblan al son de la lluvia, cerrar los ojos, dejarte inundar.

Avanzar jugando a no pisar las líneas que se dibujan a tu paso, saltar barreras, soltar lastre, superar obstáculos.

Parafraseando a Amelie, os confesaré que son tiempos difíciles para soñadores, que vivimos en un mundo atestado de males, donde las sonrisas son pequeñas estrellas que parpadean en las sombras. Yo elijo sonreír, como lo hacía antes, como lo hago ahora, elijo iluminar este globo que un día fue azul.


Entonces llegas, la realidad te abraza, rompe tus esquemas, desborda tus expectativas.


Esos labios, esa voz, esa otra mitad. 


Has venido a rescatarme de aquellos laberintos sin sentido en los que me perdí, a envolverme con momentos de ensueño, has venido a inmolar todos mis miedos, a coserle disfraces a mis días malos, a parar mi mundo con cada beso.



Cris ∞ Maine



3 comentarios:

  1. Nunca, jamás, dejaré de leerte! Miss U! ! ♥♡♥♡
    Pot

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  2. qué maravilla!!!
    qué ganas de que nos cuentes más historias y que nos dejes así de gratamente sorprendidos, porque siempre es un auténtico placer leerte.
    mil besos mi niña.

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