Aquellos zapatos de charol


Ajena a todo, avanzaba sin mirar atrás, avanzaba apartando la niebla, haciendo temblar cada charco con mis brillantes zapatos, peinando mi flequillo con ráfagas de aquel frío aire parisino que forzosamente había tenido que hacer mío.

Es asombroso como en cuestión de minutos tu vida puede cambiar completamente. Lo que era una vida ordenada y tranquila se había convertido en una maraña de pensamientos desperdigados y quehaceres impuestos.

Toda una vida empaquetada en 26 cajas.

26... Ese número que no solo copaba mi nueva habitación, si no también presidía la puerta victoriana de aquella calle salpicada de casas de diversas tonalidades.

La abuela Marie siempre me solía decir que los grandes cambios hacen más grandes aún a las mujeres que los afrontan con valentía. Cuando la noticia de su muerte llegó a mi acogedor apartamento del centro de Madrid, mi mundo de desmoronó, sin previo aviso, sin tiempo de reaccionar. Aquellos cielos que un día fueron azules ahora se tornaban pétreos y enrarecidos, aquellas palabras de aliento y ánimo que llenaban nuestras cartas ahora solo eran un puñado de letras inconexas.

Pasé de ser una becaria en el mundo de las comunicaciones a  dueña y señora de una panadería, aquella panadería que me vio crecer, donde tanto jugué a ser mayor, donde los problemas solo eran cosa de adultos, donde mi abuela amasaba su amor incondicional por mi, por París.

El letrero de la transparente puerta anunciaba la apertura de aquel local que ahora era mi hogar. Sentada en mi viejo banco de madera esperé la entrada de aquellas personas que formaban parte de mi vida sin si quiera conocerme.

Las horas pasaban y el cielo volvió a ser más azul. Cálidas miradas y sonrisas llenas de vida bañaban la atmósfera, ella estaba allí, conmigo, haciendo de mi una persona renovada, ayudándome a redescubrir cada rincón de mi mente.

La noche cubrió con su estrellado manto cada rincón de la ciudad y yo danzaba a su son recordando cada momento junto a mi abuela, evocando cada abrazo, recordando cada carcajada, respirando su perfume, reflejándome en aquellos cristales donde un día le prometí que sería feliz cada minuto de mi vida.

Aquella noche mis zapatos de charol pisaban firmemente los adoquines pero los charcos ya no temblaban a mi paso y aquel aire que hacía unas horas peinaba mi flequillo ahora lo alborotaba, aquella noche todo había cambiado, aquella noche supe que nada podría ir mal, ahora formaba parte de un gran reto marcado por una gran mujer.



Miss ∞ Ocho


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Hace unos días, os adelanté por Twitter que tenía una sorpresa para vosotros, porque me debo a cada una de las personas que están al otro lado de la pantalla, porque si no estuvierais ahí, todo esto no tendría sentido.

Hoy comparto con vosotros una de mis pasiones, la escritura.
Espero que disfrutéis de este relato y de los que vendrán, que espero sean muchos.



5 comentarios:

  1. muy bueno cris no sabiayo que esto se te daba tan bien...y será por cartas tuyas que alguna debo de tener jaja

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  2. Menuda preciosidad... enhorabuena!
    Besos!

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  3. Has conseguido que me emocione! ¡qué sabia la abuela Marie!, ¡cómo saben ellas, y qué afortunadas las que hemos podido conocer a nuestras abus y disfrutar de ellas, siempre son unas grandes mujeres!

    ¡Me ha encantado! Mereces ser leída!

    Besos rojos por doquier ,)

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  4. Solo te diré una cosa: quiero, queremos más!!! Mucho más!

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Sin tus comentarios y aportaciones, todo esto no sería posible ^^